Bielsa ingresa cabizbajo a la conferencia de prensa luego de la derrota ante Colombia en la Copa América 2024 en Estados Unidos, por la semifinal del torneo. Ya sabe lo que dirá. O quizás lo que no quiere decir, pero finalmente expresará con enojo, cierta indignación y decepción. Bielsa criticará durante 30 minutos a la prensa, a la organización del campeonato, a la FIFA y a Estados Unidos. Un técnico de fútbol dará una clase de periodismo y debatirá sin ningún apuro. Sí, un técnico lo hará. Porque cierta parte periodismo no lo hace, o no se anima. Casi dos años más tarde, todo quedará en el olvido. Otro torneo en Estados Unidos espera. Ahora es el Mundial. Y todos callan. O casi todos.
Vale la pena citar de principio a fin, porque sobra tiempo y espacio, cada palabra del técnico de Uruguay. Palabras que, lamentablemente, podrían ser de ayer y tal vez de mañana. Ojalá que no. Los futbolistas uruguayos fueron a defender a sus familiares al finalizar el partido con Colombia, debido a que estaban siendo atacados en la tribuna. Hubo golpes y mucha violencia.
Al respecto, Bielsa opinó: "El otro día hacía una referencia que los medios de comunicación no deben interrogar a nadie cuando tiene elementos de juicio suficientes como para construir evaluaciones por sí mismo y sacar conclusiones por sí mismos. Todos sabemos que hay un principio vinculado con la aplicación de la ley que es el de la proporcionalidad. Las reacciones se evalúan y se justifican, según el motivo que las provoca. El motivo que provoca una reacción es parte de una interpretación que se hace de la reacción que se está evaluando. Entonces, ¿cómo puede alguien preguntar si yo tengo temor por las sanciones? Cuando la única lógica que impera en esta situación que ustedes la conocen es: madres de familia con bebés en sus brazos agredidas por los espectadores. La protección del espectador no tiene nada que ver con el equipo de fútbol ni con la Federación y resulta que la pregunta es si yo le temo a las sanciones. Lo que me deberían preguntar, si tuvieran un sentido común, es si los jugadores han recibido las disculpas de quienes tienen la responsabilidad salvaguardar la seguridad de todos y cada uno de los espectadores”.
Luego, continuó, fiel a su estilo crítico: “Lo único que quiero decir, porque uno tiene que hablar pensando en todas las amenazas que recibe si habla, es que los jugadores reaccionaron como lo hubiese hecho cualquier ser humano. Esto es un grado de complicidad. Porque las preguntas también actúan de manera cómplice. Todo esto es lo que tienen que decir ustedes, no lo que tengo que decir yo a riesgo de abrir la boca. Todo eso no lo ignoran, pero siempre viene a que alguno de los infelices que estamos de este lado abran la boca, porque no vaya a ser cosa que ustedes sean quienes señalen y que después se vean afectados de alguna manera. Hay porcentajes del periodismo que no agrede a determinados sectores que son responsables porque no les conviene económicamente. ¿Soy yo quien tiene que decir esto de esta manera? Yo sé que el periodismo responde a intereses que tienen que ver con quienes tienen poder. Se callan la boca según al poder que quieren favorecer o perjudicar. Hay algunos que no dicen lo que piensan, dicen lo que no lastima al poder”.
“Hay una porción del periodismo ecuánime y otra comprada. Esto es una plaga de mentirosos. Son todos errores sabidos. Los norteamericanos no te dicen que te dan una cancha perfecta. Te dicen que te dan una cancha instalada tres días atrás. Y las uniones no cierran. Y los campos de entrenamiento eran un desastre. Y Bolivia no entrenó. Luego, sobre todas las injusticias con la clase baja de la competencia, nada. Estados Unidos cuando sintió que sus intereses estaban siendo atacados y creó el FIFA Gate con el FBI, pero era por sus intereses. Acá no pasó nada. No hay nada de lo que quejarse. Pero no se puede seguir engañando con el estado de los campos de juego”, concretó el argentino.
Un periodista de un canal de televisión abierta camina por las calles de México como cronista. Faltan dos días para el partido inaugural en el estadio Azteca. “Hay una gran organización de parte de la seguridad”, comenta el colega. “Será difícil moverse por la zona aledaña al estadio en las horas previas al evento”, agrega. “Shakira dará un show imponente”, advierte. Nada comenta acerca de la movilización docente que se dará el jueves, en reclamo por un aumento salarial. ¿Cómo puede un periodista obviar semejante dato? ¿Viajó hasta México para simplemente decir algo que podía comentar desde su casa? La escena se repetirá en otros canales de televisión. Otros elegirán preguntar en la calle, dando autoridad de la palabra sin sentido alguno, sobre quién creen que saldrá campeón. Nada sorprende. Meses más tarde esas personas irán a las siete de la mañana a Constitución, en la Ciudad de Buenos Aires, a consultarle a los trabajadores si hace frío. O si trajeron paraguas porque está pronosticado lluvia. El periodismo es cómplice.
¿Cómo es posible que en un programa deportivo de los más vistos ni siquiera mencionan que desde Uzbekistán denunciaron inspecciones ofensivas por parte de Estados Unidos? ¿O que un árbitro somalí se pierde el Mundial tras ser deportado? Quizás no resulte un dato periodístico que un jugador iraquí fue detenido e interrogado durante siete horas en su arribo al país para disputar el Mundial, o que la Selección de Senegal tuvo una revisión migratoria muy exhaustiva, mientras que no sucedió con otros equipos. Pero toca Shakira. ¡Y el show durará 16 minutos y medio!
Es probable que a algunos periodistas les resulte más excitante ocupar horas, días y semanas debatiendo si Scaloni jugará con línea de tres, o si Valentín Barco pueda meterse en el equipo. Son los mismos que dentro de su agenda en el programa del año que viene se preguntarán si es peor perder una final contra el clásico rival o descender. O quienes ocupen horas para llegar a la conclusión si Riquelme es el máximo responsable de la “crisis” de Boca.
Tiene razón Bielsa. Es una cuestión de proteger intereses. Muchos obviaron que por el Mundial de Qatar fallecieron alrededor de 6.500 trabajadores, que fueron sometidos a condiciones laborales inhumanas, que les retuvieron sus pasaportes para que no puedan escapar y que no les pagaron. Una sede que fue comprobada que fue electa por votos pagos a miembros de la FIFA. Luego, estalló el FIFA Gate y sorpresivamente Giani Infantino, por entonces recientemente asumido, eligió darles el Mundial. También le dio un premio de la paz a Donald Trump, quien promueve una de las guerras más sangrientas de los últimos años.
Es lógico que el público no confíe en el periodismo. Un periodismo que Bielsa desnudó. Sin embargo, es lógico también que se cuestione el consumo. ¿Es lo que los medios ofrecen? ¿O “la gente” elige escuchar a quienes hablen de si va a jugar o no el lateral derecho, a quienes banalizan debates y empobrecen el lenguaje?
El periodismo no puede elegir siempre ser cómplice y comunicar desde la comodidad, como si nada estuviera pasando, más allá de lo que sucede dentro de un campo de juego. No se puede obviar el contexto y debe ser contado. Bielsa eligió pagar el costo de expresar su pensamiento y convivir con el miedo de ser perjudicado, dos años más tarde, en el Mundial. El periodismo debe asumir los riesgos y el público exigir.