Guy Debord advirtió que la sociedad había transformado la vida de las personas en un espectáculo. Lo hizo en una obra publicada en 1967, mucho antes de la exacerbación de las redes sociales. En ese libro, La sociedad del espectáculo, el filósofo francés desarrolló la idea de que vivimos en una especie de pantalla global donde todo el mundo quiere ser visible a cualquier precio. Este pensador visionario murió en 1994, mismo año en el que, en Auckland, nació Tim Payne, quien se convirtió en el futbolista más viral del Mundial incluso antes de que la pelota empezara a rodar.
No fue el defensor de 28 años quien buscó esa visibilidad. Payne se volvió, más bien, víctima de un influencer argentino, encargado de disipar cualquier duda sobre lo que hoy significa ser influencer: con un solo video en el que invitó a seguirlo en redes, logró que el lateral derecho de la selección peor posicionada en el ranking FIFA de todas las que competirán en la Copa del Mundo pasara de 4 mil seguidores a 5,5 millones en cuestión de días. “Es surrealista”, reconoció el propio Payne.
¿Quién recordará a Tim Payne dentro de un par de años?
Una de las preguntas que más circuló entre periodistas en la previa era si este Mundial iba a ser de los influencers o de los periodistas. El tráiler parece bastante concluyente. En tiempos en los que el valor se mide en me gustas, reproducciones, comentarios y reacciones, Payne aparece como la exacerbación de esa lógica.
¿Quién recordará a Tim Payne dentro de un par de años? O, mejor aún, ¿cómo se recordará al neozelandés cuando la euforia pase? “Esto es efímero —advirtió en una de sus letras el tan citado y, desde el viernes, llorado Indio Solari—, ahora efímero”.
A la avalancha de Payne se sumaron también medios e hinchas, principalmente argentinos, que incluso le compusieron una canción. “Es el nuevo Ángel Di María”, reza parte de la letra. Payne es la nueva estrella de un fútbol que se juega en la cancha, pero se vive en las redes, con todo lo que la palabra vivir implica. Lo que el defensor
del Wellington Phoenix haga dentro del campo de juego, a esta altura, parece no mover la aguja.
“No Payne, no gain”, continúa el tema, en una paráfrasis de un popular modismo inglés que suele traducirse como “sin dolor no hay ganancia”, o, en nuestra jerga: “Sin sacrificio no hay recompensa”. Salvo que, claro, seas bendecido por un influencer.